“Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra" "Cuando llegué a la ciudad de ustedes para anunciarles el Evangelio, no busqué hacerlo mediante la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles sino de Jesucristo, más aún, de Jesucristo crucificado. Me presenté ante ustedes débil y temblando de miedo".
Aunque no veamos que los nuestros nos escuchan sigamos orando por ellos sin dejar de hacerlo, la oración puede más que nuestras palabras y falta de testimonio, Dios dará la gracia que los corazones se conmuevan hacia Cristo. Pedir de rodillas logrará la conversión de muchos.

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