El Señor le dijo: "¿Te fijaste en mi siervo Job? No hay nadie como él en la tierra; es un hombre íntegro y recto, que teme a Dios y se aparta del mal". Satanás le respondió: "¿Y crees tú que su temor a Dios es desinteresado? Pero hazle sentir un poco el peso de tu mano, daña sus posesiones y verás cómo te maldice en tu propia cara". El Señor le dijo: "Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques". Y Satanás se retiró de la presencia del Señor".
Constantemente el maligno va a querer hacernos desesperar y hasta blasfemar contra Dios cuando nos vienen las pruebas, él va a buscar hacernos daño y en algunos casos el Señor se lo va a permitir como lo permitió con varios santos, pero, sólo va a sucedernos lo que Dios nos permita y en esos momentos con humildad y reconociendo nuestra fragilidad pedir la gracia y ayuda al Señor uniéndonos a su amarga Pasión. Recordando lo que dice nos dice hoy el Señor "En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande".

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