"Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: "Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora". Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho".
El Señor no nos rechaza, no nos condena, ni juzga por nuestros muchísimos pecados, lo único que espera de nosotros es un arrepentimiento sincero con el cual le manifestemos que nos duele mucho haberlo ofendido con nuestros pecados, eso basta para que seamos justificados, Dios es compasivo y misericordioso, no es implacable como lo somos los seres humanos.

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