"Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Y dirigiéndose a la multitud, dijo: "Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea". Cuántas veces hemos sabido de familias que se dividen por una herencia, que se dejan de tratar o hasta se agreden. Todo, debido a la avaricia, nos dejamos hablar al oído por el diablo (como decía el Papa Francisco) y justificamos hasta el hecho de cometer injusticias con tal de adueñarnos de lo que más se pueda. El comportamiento del cristiano ha de ser el dejar la justicia a Dios, Él sabe cómo corregir al que obra mal, Dios lo ve todo y conoce nuestras intenciones, descansemos en Él que es nuestro defensor, y en cualquier caso donde se vulneren nuestros derechos Dios hará justicia a su debido tiempo.
Nuestra prioridad ha de ser los bienes eternos. "Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios". (Obras de caridad, donaciones). Recordando lo que nos dice San Pablo: "Pero la misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y él nos dio la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad suya, hemos sido salvados".

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