"Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo". ¡¡Qué difícil! es poner a Dios por encima de nuestros afectos humanos, el Señor quiere que lo amemos por encima de todo y de todos, incluso de las personas que más amamos, no porque sea egocéntrico, ni más faltaba, sino porque el único amor que nos puede llenar plenamente el corazón es el de Él, para eso fuimos creados, para que siempre busquemos llenar nuestra sed de felicidad con Él que es infinito y eterno.
Como diría San Agustín: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Por otra parte, San Pablo nos da unas recomendaciones para ser luz en medio de la oscuridad "Háganlo todo sin quejas ni discusiones, para que sean ustedes hijos de Dios, irreprochables, sencillos y sin mancha, en medio de los hombres malos y perversos de este tiempo".

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